La industria de la prostitución

En el año 2018, Teresa Galeote, miembra de la Comisión Política del Partido Feminista de España, escribió para nuevatribuna.es el artículo La Industria de la Prostitución. Hoy, en marzo de 2020, mientras nos preguntamos qué estará ocurriendo con todas esas mujeres prostituidas que viven confinadas en los burdeles en plena crisis del Covid-19, traemos su magnífico artículo a nuestra web, con la intención de remover conciencias de todas y todos los que en estos días tienen tiempo de leer y de ponerse en la piel de las personas que más están sufriendo, y que quizás nunca se habían planteado, qué es realmente la prostitución, y si tiene cabida en una sociedad igualitaria y democrática como debería ser la nuestra.

La Industria de la prostitución

La banalización de la prostitución se convierte en violencia estructural. Los debates sobre la prostitución giran alrededor de la negación de las violencias contra las mujeres y la transferencia de la culpabilidad a la víctima. Y todo sea para proteger la sexualidad masculina, garantizando su deseo sin límites. Existe también la negación de las consecuencias físicas y psíquicas que genera la prostitución, además de afectar entre hombres y mujeres en la propia familia de los puteros. Ellen Templin (conocida dominatrix y dueña de un burdel en Berlín, ya fallecida) afirmaba que: “No hay prostitución voluntaria. Una mujer que se prostituye tiene motivos para hacerlo y son, en primer lugar, razones psíquicas. Cuando una mujer entra en la prostitución su alma ya ha sido destruida”.

Por su parte, Rosen Hircher, que comenzó a prostituirse a los 31 años, añade: “Me parecía totalmente normal lo que hacía. En realidad, fui abusada por mi tío cuando era niña. Mi padre era alcohólico y sumamente agresivo. Desde mi infancia estoy acostumbrada a padecer la violencia de los hombres”. Se considera una sobreviviente y ofrece su testimonio para desvelar las mentiras que se cuentan sobre la prostitución voluntaria: “Hablo en mi nombre, pero también en nombre de todas las prostitutas que permanecen encerradas en casa, que no se atreven a hablar y me dan permiso para hacerlo por ellas”. Ella cayó en la prostitución como si fuera algo natural, creyendo que era una elección voluntaria. Hoy es ABOLICIONISTA.

“Para ponernos de pie, nos vemos obligados a decir que es una elección, de lo contrario colapsaremos”. Una mañana de octubre de 2009, como resultado de un largo viaje, Rosen decidió que todo había terminado. Terminó la prostitución pero también terminó el alcoholismo que ella había desarrollado, nuevamente. Durante varios años, Rosen Hicher trae su testimonio a la causa abolicionista. Ella cofundó en Francia un movimiento de sobrevivientes de la prostitución, nacido en los Estados Unidos y con ramificaciones en todo el mundo. ¡Prostitución elegida!, ella no cree en eso. “Todas las personas que conozco en la prostitución tienen un camino prácticamente idéntico: abuso sexual, violencia doméstica, alcoholismo…” Rosen Hicher cita el caso de una prostituta que dijo que estaba feliz con su condición, mientras admitía haber comenzado a la edad de 5 años, prostituida por su madre. También es a estas personas a quienes Rosen Hicher se dirige. “Quiero que se den cuenta de que están perdiendo sus vidas. Me pregunto qué hubieran sido esos veintidós años si no hubiera sido una prostituta…”. 

Un estudio realizado en 2004 por el Ministerio alemán de la Familia, Tercera Edad, Mujeres y Juventud concluyó que un 87% de esas mujeres habían padecido violencias físicas antes de los 16 años. El sistema prostitucional utiliza estos traumas de la infancia en su propio interés y para su beneficio, ya que estás mujeres se encuentran con la autoestima destruida, con un sentimiento de que no se merecen nada mejor. La pornografía es fundamental para la industria de la prostitución; es accesible desde una edad temprana, se convierte en un sistema de educación sexual, donde la  ternura está ausente y las formas de de practicar el sexo son cada vez más violentas. 

La disociación

Michaela Huber, directora de la sociedad alemana “Traumatismo y Disociación”, dice: “para permitir que personas extrañas penetren tu cuerpo, es necesario suprimir fenómenos naturales, el miedo, la vergüenza, el asco, el sentimiento de extrañeza, el desprecio, la culpa”. En lugar de eso, las mujeres ponen en marcha la indiferencia, una neutralidad, una concepción funcional de la penetración, una resignificación de este acto para convertirlo en un “trabajo” o un “servicio”. Y explica qué es la disociación:

“La disociación es un corto circuito de las funciones integradoras cuando el estrés se hace insoportable”

En la conciencia se observa fenómenos de trance. La memoria se colapsa y puede aparecer la amnesia. La percepción del entorno se enturbia, (vista reducida, todo parece estar en una neblina). La identidad se distorsiona (se juega un rol determinado y ya no se sabe quién se es). El fenómeno de disociación es muy complejo; no es algo que se puede poner en marcha y desconectar a voluntad. Hay funciones integradoras que pueden quedar apagadas durante mucho tiempo. Durante la disociación, el cuerpo y el cortex están anestesiados en gran parte. Se perciben las cosas pero no todas se memorizan en el cortex, puede haber amnesias y agujeros en la memoria. Ciertas vivencias se registran en otra parte del cerebro que se llama “la memoria traumática”. Esta memoria es una especie de caja negra a la que no tenemos acceso mediante nuestra voluntad, ni siquiera sabemos que existe, que recoge los recuerdos traumáticos de manera desordenada, sin noción de espacio ni de tiempo. Puede desencadenarse en cualquier momento por “disparadores”, es decir eventos que recuerdan el traumatismo: un olor, un color, un ruido, imágenes, palabras, frases, etc. Esto genera una angustia intensa, como si la persona reviviera el traumatismo en ese momento. Cabe preguntarse si una persona no está verdaderamente presente, si la conciencia está alterada, si no se siente nada y que uno está desconectado de su cuerpo, ¿se puede hablar de libertad? El sistema prostitucional se aprovecha del fenómeno de disociación, cuando las mujeres no son capaces de defenderse. Dejan su cuerpo disponible y sufren de violencias extremas. 

La legalización

En el año 2002, en Alemania se aprobó una ley que legaliza la prostitución sin ningún tipo de reglamentación, convirtiéndola en un trabajo como cualquier otro. Hoy puede decirse que el resultado es catastrófico para las mujeres, pero muy bueno para la industria del sexo. La creación de mega-prostíbulos, con capacidad de recibir alrededor de 1000 compradores de sexo a la vez. (Chantal Louis: “Die Folgen der Prostitution”).

Hace 15 años había alrededor de 400 000 mujeres prostituidas en Alemania y 1,2 millones de hombres que compraban sexo, pero actualmente hay mayor demanda. Hoy muchos oficiales de policía estiman que el número se ha incrementado en al menos un 30%. La guía turística oficial de Munich promociona sus prostíbulos y en algunos ofrecen tarifa plana: por 60 euros se ofrece una cerveza, una salchicha y acceso a mujeres. Se observa la llegada de turistas sexuales del mundo entero; llegan en grupos traídos por micros directamente desde el aeropuerto de Frankfurt a los mega-prostíbulos.

El comprador no es el tipo simpático que solo quiere un poco de sexo. ¡No!, la prostitución atrae a los psicópatas y alimenta los comportamientos antisociales de los hombres. Dichos comportamientos no quedan encerrados en los prostíbulos, ya que influyen en la relación cotidiana entre hombres y mujeres. Por otro lado, las prácticas de los puteros son cada vez más peligrosas. Existe  aumento de las violencias contra las mujeres y una falta de protección para ellas.

En Alemania, la composición de las mujeres prostituidas ha cambiado. Las mujeres vienen de las regiones más pobres de Europa y pertenecen a las minorías que viven en la extrema pobreza. Actualmente alrededor del 95% viene del extranjero. El 30% de las mujeres son jóvenes, tienen menos de 21 años. Muchas veces han sido sacrificadas por sus propias familias para sostén económico. Llegan a Alemania y son sometidas a los deseos perversos de los puteros. No tienen capacidad para decir no, ni para defenderse. Están completamente superadas por la situación y completamente traumatizadas. Muchas de ellas piden en seguida psicofármacos o drogas después de sus primeras experiencias. Dicen “sin eso no podemos sobrevivir”. Estas mujeres están muy traumatizadas, desarrollan depresiones, pesadillas, problemas físicos, somatizan, tienen dolores de estómago, se enferman y desarrollan una gran desesperanza. En cuanto a la violencia, el estudio internacional realizado por Melissa Farley, en 2008, reveló las siguientes estadísticas: 82% de mujeres son agredidas físicamente, 83% amenazadas con arma, 68% son violadas. Teniendo en cuenta estos números es difícil hablar de un oficio como cualquier otro. Y estos estudios ya tienen 10 años, las cosas han empeorado considerablemente en Alemania.

La psicoterapeuta alemana, Michaela Huber, presidenta de la Asociación alemana de Traumatismo y Disociación, nos invita a reflexionar sobre la situación: “¿Es eso lo que queremos? Es una discusión que deberíamos darnos en nuestra sociedad. ¿Queremos aceptar que millones de hombres compren cada día cuerpos de mujeres para penetrarlas? ¿Nos parece equitativo? ¿Qué sociedad puede creer que es justo?“.

Teresa Galeote
Comisión Política e Ideológica del Partido Feminista de España

Obra teatral PROSTITUCIÓN: crítica con perspectiva feminista

Imagen de elpais.com

A través de un grupo estatal de WhatsApp de mujeres feministas me llegó el cartel de una obra de teatro llamada PROSTITUCIÓN, dirigida por Andrés Lima e interpretada por Carmen Machi, Nathalie Poza y Carolina Yuste. La función se exhibía en Madrid, así que como yo no podía asistir, pedí en otro grupo de compañeras de Madrid si alguna de ellas podía ir a ver la función y explicarnos después qué senda tomaba el espectáculo, si el camino de la legalización de la explotación sexual de la mujer, o el de la abolición de esta práctica patriarcal y esclavista.

Esther respondió que iría ella con su hermana.

Al día siguiente del estreno, Esther y su hermana Montse acudieron al teatro. Después, en unos cuantos mensajes nos hicieron un resumen de la crítica de la obra desde una perspectiva feminista. Pero Esther fue más allá y escribió una crónica más extensa que podéis leer en elComún.es y que a continuación paso a copiar aquí:

“Hace ya unas semanas que publiqué mi primer y único artículo en este medio y lo cerraba con la intención de centrarme en la agenda feminista. Pues bien, hoy aprovecho para iniciar la agenda y enlazarlo con la crónica de la obra de teatro Prostitución que tuve oportunidad de ver el pasado sábado 18 de enero en el Teatro Español junto a mi hermana Montse.

Es evidente, por más que algunas y algunos quieran hacernos creer que no es así, que el Feminismo siempre fue abolicionista de la prostitución, porque la existencia de esta impide poder hablar de igualdad, ya que hay unos cuerpos al servicio de otros, esto es, cuerpos de mujeres que se cree que son accesibles previo pago para los hombres. Vivimos unos tiempos tan rarunos que no es complicado encontrarse con autodenominadas feministas anarquistas o de sectores anticapitalistas defendiendo posturas regulacionistas. ¿Cuándo perdieron el norte estos sectores autodenominados feministas? ¿Cuándo pasaron de oponerse a la mercantilización de todo menos del cuerpo de las mujeres? La incoherencia es tal que una no deja de sorprenderse, porque por más que quiera practicar la empatía, no puedo dejar de alucinar con tanta majadería. Citar a Federica Montseny y sus liberatorios de prostitución debería bastar, digo yo.

Siguiendo en esta senda de despropósitos llegamos las Pedroches a ver la obra de teatro citada. Teníamos ganas de verla, con sinceridad lo digo. Sabíamos que habían usado textos de Amelia Tiganus, cuyo discurso conocemos y compartimos muchas veces y a quien escuchar en una charla en persona es absolutamente recomendable, porque nada mejor para empatizar que contar una historia en primera persona. Luego escuchamos que también había textos de Virginie Despentes y ya nos mosqueamos un poco. Esto de que el feminismo se haya convertido en un producto de mercado tiene estos graves inconvenientes. No obstante, quisimos ver la obra para poder opinar con conocimiento de causa.

Siento decir que sí, salimos horrorizadas como ya hicimos saber en nuestras redes sociales. Más perplejas nos quedamos aún por ciertos comentarios y por ciertas actitudes ante nuestras críticas, pero no merece la pena darle más coba a eso. Menos mal que no fuimos las únicas porque otras dos mujeres feministas (que no voy a nombrar porque no sé si quieren ser nombradas en este artículo) tuvieron la misma percepción. No es que dude de mi criterio o del de mi hermana, pero sentirse que una no forma parte del mundo no es tan agradable como pudiera parecer y comprobar que no estás “loca” es tranquilizador. Después de ver un teatro entero aplaudiendo y de leer ciertas excusas, junto a algún artículo bastante light, lo dicho, sentir que no eres un perro verde es reconfortante.

¿Por qué me horrorizó la obra? Cuando digo esto no me refiero a la calidad de la obra, de las actrices o del montaje. No soy crítica de teatro, soy feminista y hablo de la obra desde una perspectiva feminista. Mi interés por ella nació también de esa perspectiva, así pues, es justo que la juzgue desde este parámetro porque es lo que me llevó a verla y lo que puede que haga que muchas compañeras tengan intención de verla. Y digo que no voy a entrar en juzgar la obra como obra de arte o no, porque al arte (y a todo en la vida) le pido siempre lo mismo: que contribuya a hacer de este mundo un lugar mejor, más humano y emancipador y la obra no lo hace en absoluto. Además de que querer edulcorar el mensaje envolviéndolo en tintes culturetas como que no va conmigo, porque por encima de todo siempre deben estar los mensajes, no los envoltorios (soy profe de filosofía y eso de juzgar por las apariencias es algo contra lo que intento educar a diario).

Lo primero que me horrorizó es que confunde abolición con prohibición. Lo segundo fue que se pusiera al mismo nivel discursos regulacionistas y abolicionistas, si los hubiera habido, porque no se nombra ni una sola vez la palabra abolición y se insiste en que desde sectores privilegiados (otra vez con lo que de blancas y heterosexuales) se niega a las mujeres prostituidas la posibilidad de “regular” su situación. En definitiva, salí decepcionada y con mucha impotencia porque la obra blanquea la postura regulacionista. Se “humaniza” al putero, se normaliza la prostitución como algo no deseado pero inevitable en situación de precariedad, se ignora la existencia del proxeneta y se obvia que el sexo debe nacer del deseo compartido y que todo lo que no parta de ese deseo es violación. Incluso se ridiculiza la teoría del contrato sexual de Carole Pateman, obra imprescindible (El contrato sexual) dentro de la teoría Feminista.

Me da igual quién esté detrás de esta obra y quién se esté lucrando con ella, lo claro es que es una obra al servicio del lobby proxeneta. En este país nadie veía normal la prostitución y estas falsas progresías están contribuyendo a normalizar lo que no es normal. Y basta ya de discursos, que el papel lo aguanta todo (y no digamos una tribuna del Congreso). No quiero para mí un futuro como puta, ni para mi hija tampoco y como no lo quiero para nosotras, no lo quiero para nadie. El elitismo sí que lo tienen quienes mantienen discursos pro-regulación porque saben que a ellas no les tocará pasar por ello.

Justificar la prostitución por la situación de pobreza es lo peor. Luchemos contra la pobreza, pero que no quieran vendernos que es posible la prostitución como salida a la pobreza. NO. Es una cuestión de clase y de feminismo y todo lo que no sea claramente abolicionista siempre sirve al sistema que es capitalista y patriarcal. Y claro que soy tajante, porque la equidistancia es ponerse de parte del sistema, que por si lo olvidaron, es el enemigo.

Para terminar, recordar que por más que una o uno se autodenomine lo que quiera, nuestros actos son los que nos definen. Ser feminista, por más que quieran tergiversar la palabra, es luchar por la igualdad entre hombres y mujeres para conseguir la ansiada emancipación de las mujeres. Por ello ser feminista es ser abolicionista de la prostitución, la pornografía, el género e implica estar contra la práctica de los vientres de alquiler. En próximos artículos habrá que empezar a hablar de la abolición del género, espero poder sacar tiempo para ello.”

Crónica de Esther Díaz Pedroche, profesora de Filosofía y Feminista Radical.

Conozco un poquito a Esther y a Montse y confío plenamente en el criterio de las dos. Y para mí, como Feminista que soy, sobre el tema de la prostitución, todo lo que no sea mensaje claro y directo sobre instaurar la abolición, no me merece confianza ni credibilidad.

La prostitución es el mayor éxito del patriarcado“, como dice la gran Feminista Lidia Falcón. Es explotación sexual. Es desigualdad entre hombres y mujeres. No cabe en una sociedad civilizada y democratizada. Me da igual que se diga que hay prostitutas que quieren serlo (el 1% será, porque el 99% están prostituidas por necesidad u obligadas a través de la trata), porque, aunque las que quisieran fuera un porcentaje alto, vivir en desigualdad y desventaja alberga estar en un estado de opresión y de guerra para ellas, y para todas las demás.

No debemos permitir que haya charlas sobre la prostitución en las universidades, no cabe el debate sobre la esclavitud, sea sexual o del tipo que sea. No a la esclavitud. Punto. Y no deberiamos consentir que se hicieran obras de teatro que blanqueen la legalización de la explotación sexual de los seres humanos. ¿A qué espera el Gobierno para establecer unas leyes abolicionistas?, si las Feministas de la II República lo consiguieron, las de hoy en día tenemos que alcanzar el logro de la abolición de la prostitución.

Cristina Serrano
Coordinadora del Partido Feminista de España en Catalunya

Cuando pienso en esta trama de explotación sexual de menores, no puedo evitar acordarme del caso Bar España, y de las niñas Toñi, Miriam y Desirée de Alcàsser

2017, la exdiputada y expresidenta del Parlamento balear, Xelo Huertas, denuncia negligencias y falta de recursos en los servicios sociales de Baleares, el IMAS (Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales). Según ella, después de haber indagado descubre que se están cometiendo irregularidades muy graves, tanto en el diagnóstico de algunas retiradas de tutela de menores a los padres, como en la custodia y el cuidado de esos niños y niñas en los centros.

Presenta una propuesta no de ley (PNL) “para remodelar el IMAS y encargar una auditoría externa de los últimos diez años”. Unos meses después, el 13 de marzo de 2018, la PNL se vota con el rechazo absoluto de la cámara y bajo las acusaciones hacia Huertas de “generar alarmismo y de hacer espectáculo con los menores”, “Usted pone en cuestión todo un sistema y genera desconfianza”.

Dos años después en Mallorca el 24 de diciembre de 2019, una niña de 13 años es violada por un grupo de adolescentes. Durante la denuncia, la menor hace referencia de la existencia de un grupo organizado dedicado a reclutar menores en situación vulnerable: sexo a cambio de drogas y dinero. Ella es una de esas niñas vulnerables ya que está tutelada por uno de los centros del IMAS.

Los casos de prostitución infantil que habrán sucedido desde que Xelo Huertas lo denuncia e intenta hacer una investigación, hasta que se destapa el “escándalo” tras la denuncia de la menor dos años despues, no han salido a la luz, aunque, Fiscalía de Menores dice ahora investigar 16 posibles casos de explotación sexual infantil (15 niñas y 1 niño). Además, la misma Conselleria de Asuntos Sociales del Gobierno Balear admite que en los últimos cuatro años se ha despedido a cinco educadores y educadoras de los centros Es Pinaret, Es Mussol y Son Fusteret, por “conductas sexuales inadecuadas” con los menores. Hechos denunciados entre los años 2016 y 2019. Cuatro de ellos denunciados a Fiscalía.

Luego, ¿se sabía? Entonces, las denuncias de Xelo Huertas tenían fundamento.

Pero esto viene pasando mucho antes de que Huertas lo denunciara. Hay una asociación llamada ACCESI (Agrupación Ciudadana Contra la Explotación Sexual Infantil), impulsada por Joana Molinas. Joana fue una menor tutelada en los años 90, y cuenta que ella fue violada por primera vez a los 9 años, e intentaron prostituirla varias veces cuando a los 13 ingresó en un centro de menores. Hoy tiene 41 años. Entonces, hace 30 ya existía la explotación sexual de menores tutelados en Baleares. ¿Alguien dudaría de que incluso viene de mucho atrás? Ella no fue la primera ni la única. Cuando leo a Joana escribir la frase “Mediterraneo turístico” no puedo evitar pensar en una red de turismo sexual y pederastia.

A medida que busco información me doy cuenta de que parece una práctica habitual y antigua. Parece que mucha gente lo sabe y calla. Es un tema muy grave en el que tiene que ver gente poderosa, de lo contrario sería imposible mantener el velo que lo oculta.

De hecho, después del escándalo inicial ha vuelto el silencio. Algunas intentamos mantenerlo vivo en foros, grupos de WhatsApp o en redes sociales:

O escribiendo sobre el tema en páginas web feministas como Natalia con su artículo Los tentáculos que atrapan a las menores tuteladas en el que apunta varios datos. O yo misma con este escrito.

Hace ya un mes que la prensa no dice nada y los políticos parecen no atreverse a hablar del tema. Como Irene Montero, la actual Ministra de Igualdad que dijo en una entrevista para Onda cero “Hay una investigación en marcha y nos corresponde ser cautelosos”.

Lo terrible es que se sabe de siempre pero no ocurre nada. Algunos trabajadores de centros de protección de menores han dicho en prensa cosas como “Cuando vienen con zapatos nuevos sabes que se han prostituido” o ” Cuando una niña se escapa y vuelve al día siguiente, con ropa de marca, o unas zapatillas, o veinte euros, ya sabemos qué ha pasado“. Algunos incluso se atreven a decir que hay un “descontrol absoluto” en estos lugares, ya que algunos menores consiguen escaparse y tardan días en volver al centro.

PSOE, MÉS y Unidas Podemos han presentado una moción con la que se insta al Consell a crear una comisión de expertos para “evaluar” las actuaciones del IMAS y establecer “propuestas de mejora” para combatir la explotación sexual infantil en el futuro. Pero, ¿y lo que ha sucedido hasta ahora? ¿los gobiernos no quieren encontrar a los culpables? ¿qué pasa con el resto de centros que hay en todo el Estado? No somos tan ingenuas como para pensar que esto solo ocurre en las Baleares.

Sospechamos que una vez más se va a llevar al olvido, o al engaño, un tema que atañe a niñas, niños y adolescentes. O quizás busquen un cabeza de turco. Es demasiado evidente que la prostitución mueve muchos millones de euros y la mafia es muy poderosa. Más que los gobiernos. Y a ellos les da lo mismo si la manera de lucrarse es a costa del sufrimiento de las más vulnerables, lo que importa es enriquecer al capital y para ello cuentan con su gran aliado el patriarcado.

Cuando pienso en esta trama de explotación sexual de menores, no puedo evitar acordarme del caso Bar España, y de las niñas Toñi, Miriam y Desirée de Alcàsser.

Cristina Serrano
Coordinadora del Partido Feminista de España en Catalunya